El mañana es ahora

El presente es la herramienta, y el futuro, la obra

Publicado en: Opinión

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“La historia tañe sonora su canción como campana. Para gozar el mañana, hay que pelear el ahora”. Este verso de Mario Benedetti figuraría sin duda muy alto en mi aún inexistente lista de “frases favoritas”.  Tiene una simple y potente carga poética que casi permite recitarlo con el delicioso ritmo de un alejandrino, sin caer no obstante en el escollo de la banalidad. Y luego, como toda buena afirmación profética, prescriptiva, puede ser interpretada de 50.000 maneras para ser apropiada y recuperada universalmente. Claro que siempre dentro de la temática evidente del vínculo inquebrantable entre el presente y el futuro, a mi siempre me ha gustado ver en esta frase de Benedetti una máxima que invita a no perder de vista que el hoy encierra, discreta pero inexorablemente, el mañana en su seno. Una versión intelectualmente más sutil y moralmente menos apocalíptica del famoso dicho “cría cuervos y te sacarán los ojos”, pero que una vez más demuestra la indivisibilidad del camino y del destino.

Al conocer la trayectoria de vida de Benedetti no queda duda que esta frase es una invocación a la lucha y a la acción, a la transformación en actos de hoy nuestros sueños de un futuro feliz. En otras palabras, un mundo mejor no nos va a caer del cielo. Pero yendo un poquito más allá, me gusta pensar que Benedetti establece una jerarquía del tiempo que le otorga una supremacía trascendental al futuro sobre el presente. El presente es sin duda fundamental, pero únicamente en función del futuro que contribuye a construir. El presente es la herramienta, y el futuro, la obra.

Claro, cuando se trata de discutir acerca de la acción política la cuestión del tiempo se vuelve compleja. ¿Qué plazos tiene el futuro en los tiempos de la política? ¿A qué distancia queda el mañana que estamos supuestos construir hoy? ¿Cuándo termina el tiempo del sacrificio y empieza el de la recompensa? ¿No decía a caso John Maynard Keynes, en respuesta a la teoría liberal del equilibrio económico, que en el largo plazo estaremos todos muertos? Vasta reflexión…

Pero a pesar de esta indefinición, me quedo con la reflexión general según la cual la acción política de hoy no cobra sentido sino en función de una transformación histórica que garantice un futuro diferente, para mejor, del ahora. Y esto es lo que explica el papel fundamental que juega la visión estratégica en la política. Sin visión estratégica, la acción política pierde literalmente sentido. Agitarse todos los días en una suerte de “tareismo” frenético genera una ilusión de movimiento, pero hace perder de vista que la “transformación de la realidad” es más una transformación del futuro que del presente. Lo que hace, por ejemplo, que podamos disfrutar un derecho hoy, es que hayamos trabajado en garantizar que ese derecho será válido mañana, y el día después de mañana. Nuestra acción de hoy, debe ir sembrando elementos de irreversibilidad a futuro, pues de lo contrario la acción política se vuelve efímera y perfectamente reversible.

El ejemplo más concreto de reversibilidad inmediata de la acción política en nuestro país es el de la soberanía alimentaria. Queda absolutamente claro que garantizar el acceso a alimentos hoy mediante cualquier otro mecanismo que no sea una producción nacional suficiente y de calidad, no permite asegurar con un grado razonable de certeza que este mismo acceso será posible a futuro. Pero por supuesto, consolidar las garantías de que en un futuro políticamente viable existirá una producción nacional de alimentos requiere que la política alimentaria de hoy se maneje con visión estratégica de futuro, y que el objetivo final de la política no sea únicamente que haya carne, leche o pollo en los anaqueles de hoy, sino que la acción de hoy garantice la existencia de esos productos mañana, y el día después de mañana. Curiosamente, los venezolanos nos hemos mostrado incapaces de tener, más allá de la retórica, una estrategia concreta de construcción de nuestra soberanía alimentaria que le otorgue al menos igual importancia al mañana (la producción) que al hoy (la distribución). Cuando en alguna ocasión he dicho, a modo de exageración pedagógica, que entre importar alimentos producidos por un capitalista en el exterior, y consumir los producidos por un capitalista en Venezuela prefiero lo segundo, extrañamente se me ha acusado de defender el capitalismo, lo cual es francamente una clara demostración de mala fe. Evidentemente mi punto es señalar que, de todas las realidades posibles, la actual que consiste en importar productos de transnacionales de la alimentación es claramente la peor, y que en consecuencia cualquier política que nos haga construir soluciones que vayan desde lo menos peor hasta lo ideal constituirá un paso en la dirección correcta. Volviendo a parafrasear a Benedetti, el futuro mejor que deseamos hace falta empezar a construirlo en algún momento, tomando como punto de partida las posibilidades concretas que se ofrecen ante nosotros hoy, aunque en el camino tengamos que corregir o perfeccionar cosas.

Otro ejemplo en contrario de la importancia de inscribir las transformaciones en el futuro nos lo ofrece, paradójicamente, la Europa que desde nuestras latitudes se mira con tanto recelo y desconfianza. Para nadie es un secreto que desde hace nada menos que 35 años, se inició en Europa una ofensiva neoliberal cuyo objetivo explícito fue el desmontaje del “Estado de Bienestar” conquistado por los pueblos europeos tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Y vaya que esta ofensiva ha sido feroz y sistemática. No obstante, lo más notable en ese contexto es que tras 35 años de hegemonía neoliberal, en muchas de esas sociedades aún se socialice por la vía de impuestos y contribuciones obligatorias a veces más del 50% de la riqueza producida. Siempre he dicho, a modo de respuesta irónica a los delirios anticomunistas de la derecha venezolana, que en materia fiscal cualquier país europeo, incluso gobernado por la derecha, está infinitamente más cerca del comunismo que Venezuela. Otro ejemplo claro es que hay países europeos con altos indicadores de riqueza, de productividad y de eficiencia, donde el tiempo legal de trabajo semanal oscila entre las 30 y las 35 horas por una remuneración mínima que ronda los 2.000 dólares mensuales. ¡Ya quisiéramos muchos ser explotados de esa manera! Y por supuesto que mi propósito no es hacer una apología del capitalismo europeo, sino señalar que las transformaciones sociales y políticas que los pueblos europeos lograron impulsar entre 1945 y finales de la década de los 70 fueron tan profundas y se inscribieron tanto en el futuro, que ni siquiera 35 años de ofensiva neoliberal lograron desmantelarlas por completo. Sin duda ha habido retrocesos importantes, pero el hecho más resaltante a mis ojos es la solidez y la relativa irreversibilidad de las conquistas alcanzadas. Hoy, cuando parece abrirse una ventana para que fuerzas populares, progresistas y transformadoras vuelvan al gobierno en Europa, el proceso de avance y de conquistas populares no habrá de empezar desde cero, sino que podrá apoyarse en los logros del pasado. Y sin duda que el legado fundamental de los actores políticos que viabilizaron esas transformaciones en su momento, es mucho más valioso por las generaciones que pudieron disfrutarlas incluso décadas después de que ellos desaparecieron de la esfera pública, que por la generación que en su momento votó por ellos.

Para mí por lo menos, está claro que la obra de Benedetti se ha vuelto trascendental porque las palabras que escribió en un determinado momento presente, llevaban tal carga de futuro que nos siguen orientando más allá de su vida. Ojalá, en el ámbito de la acción política, lográramos entender que el mañana está profundamente inscrito en el ahora.

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Etiquetas: Temir Porras, Situación Política en Venezuela

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