¿Empresarios o Burócratas?

¿Se habrán enterado los burócratas que en Venezuela la suma de los impuestos y contribuciones sociales no supera el 15% del PIB?

Publicado en: Opinión

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Hace unos cuantos años, un amigo de origen extranjero describía el mundo de la empresa privada venezolana como un caso excepcional y tal vez único en el mundo, en el cual se podían ver cristalizados, al mismo tiempo, los peores defectos del neoliberalismo salvaje y los del burocratismo soviético.

Para ilustrar esta sorprendente afirmación, tomaba el ejemplo de una famosa panadería del este de Caracas donde había que, para obtener un cachito y un café, sucesivamente tomar un número y esperar, dictar una orden a un trabajador que llenaba una planilla, tomar esta planilla y dirigirse a la caja, esperar de nuevo, pagar, recibir un ticket que otro trabajador pegaba con cinta adhesiva a la planilla, presentarse en un área de despacho, esperar por tercera vez y, finalmente, recibir la orden no sin antes hacerse sellar el ticket por un último trabajador como prueba administrativa de la entrega. Según el relato algo exagerado de mi amigo, en su país ni para tramitar una herencia o un divorcio había que enfrentarse a tanta burocracia…

Esta imagen de ese reflejo burocrático que habita en buena parte del sector privado venezolano me ha venido a la mente en estos últimos meses, en los que el tema de las dificultades económicas que atraviesa nuestro país ha estado en boca de muchos, y en especial de quienes ocupan los cargos oficiales de representación del empresariado. No ha pasado un solo día sin que los presidentes de Fedecámaras, Consecomercio o Conindustria hagan una evaluación calamitosa del estado de nuestra economía, insistiendo hasta la saciedad en que el origen de nuestros males, y al mismo tiempo la solución milagrosa a los mismos, radica en el tema de la “asignación” de las divisas.

Y no soy yo quien va a negar las dificultades económicas por las cuales atravesamos. Suficientemente he expresado mi opinión personal acerca de lo que pienso debería ser nuestra estrategia económica, y jamás desaprovecho una oportunidad para promover dentro del chavismo una discusión más profunda sobre estos temas. Suficientes hectolitros de tinta también se han derramado para especular acerca de si debe haber o no una unificación cambiaria, de cuál debe ser el precio de equilibrio del dólar, e tutti quanti. Así que no voy a llover sobre mojado.

Pero a propósito de especulación, hoy me interesa abordar esa asunción cuasi generalizada de que en la economía venezolana existe un deber poco menos que constitucional del Estado de proveerle divisas a todo el mundo, y a los empresarios en particular. Y ni siquiera solamente proveer, sino además, en el lenguaje del empresariado oficial, “asignar”, como se le asigna el presupuesto a un ministerio, o la mesada para dinero de bolsillo a un menor de edad… Si creemos en la sinceridad de Jorge Roig –hagamos un ejercicio extremo de ficción pedagógica-, con que el Estado le “asignara” divisas suficientes y a tiempo, él convertiría a Venezuela entera en la suma de la Silicon Valley, el Valle del Rin y la costa este de China. El problema por supuesto radica –aquí es donde la ficción alcanza sus límites- que ni Jorge Roig, cuyos méritos como empresario son un enigma para Venezuela entera, ni ninguno de sus antecesores, jamás hizo nada medianamente parecido. Los defensores autoproclamados de la libre empresa, críticos del intervencionismo estatal que el chavismo habría llevado a su máxima expresión, se han contentado desde siempre, palabras más palabras menos, con buscar el camino más directo y expedito para apropiarse de la renta petrolera, es decir las famosas divisas que el Estado debe religiosamente proveer, y ahora más, “asignar”. Postulado que raya, por decir lo menos, en la esquizofrenia agravada, ya que todavía le falta a Fedecamaras explicar cómo diablos puede el Estado no intervenir y al mismo tiempo asignarle sus divisas, a menos que lo de no intervenir quiera decir que pretenden que los dejen “asignarse” las divisas ellos mismos, en cuyo caso no serían ellos los esquizofrénicos, sino nosotros los débiles mentales.

Se me refutará que la culpa primigenia del tema de la “asignación” es del Estado, entiéndase del chavismo, por haber instaurado un mecanismo de control de cambio, y accederé a que en eso tienen un punto. Pero la realidad es que, si de producir se trata, a muy pocos de esos burócratas del empresariado les haría falta que les “asignaran” unos cuantos dólares. En primer lugar porque los activos líquidos del sector privado venezolano en el exterior se miden, como es ampliamente sabido, en cientos de millardos de dólares. Muchos de esos burócratas privados son millonarios en dólares, y en consecuencia poseen las divisas suficientes para cubrir sus compromisos en el exterior. Si para algo sirve el SIMADI (tal vez para lo único), es para inyectar de manera extremadamente ventajosa dinero en la economía venezolana. Aprovechando que están sentados esperando que el Estado les asigne sus dólares, le podríamos informar a los burócratas del empresariado que, a tasa de SIMADI, los costos de producción en Venezuela pueden ser competitivos con países del sureste asiático. ¿Cuánto cuesta en dólares SIMADI un litro de gasolina, un kilovatio hora de energía eléctrica, un metro cúbico de agua potable, una unidad tributaria, un (improbable) sueldo mensual de 100.000 BsF? ¿Se habrán enterado los burócratas que en Venezuela la suma de los impuestos y contribuciones sociales no supera el 15% del PIB, es decir menos de la mitad que lo que en los Estados Unidos? ¿Que nuestro Impuesto Sobre la Renta es sumamente bajo y que la fiscalidad sobre el patrimonio es prácticamente inexistente? Todo eso configura, incluso considerando la larga lista de problemas que enfrenta nuestro país, un escenario bastante favorable a quien tenga la intención genuina de emprender, independientemente que la iniciativa se sitúe en la economía pública, mixta, comunal o privada. Los números son los mismos. Además, la economía de la Red permite hoy exportar servicios, conocimiento y mucho valor inmaterial que no necesita pasar por un puerto ni por un peaje. Pero claro, dije producir, exportar, palabras que no forman parte del léxico de la burocracia empresarial que de lo que sabe es de importar y especular.

Por eso cuando lean en las encuestas de opinión que los venezolanos valoramos positivamente la iniciativa privada, los burócratas del empresariado no deberían emocionarse, porque no es en ellos en quienes estamos pensando. Millones de venezolanos se sienten en capacidad de emprender un proyecto económico propio que, por qué no, en muchos casos podría encontrar en la economía comunal su mejor espacio de realización. Al fin y al cabo, una iniciativa económica comunal no deja de ser en parte la iniciativa privada de una Comuna. Es a esos millones de venezolanos que el Estado debe “asignarse” la tarea de incrementar exponencialmente sus incentivos y su acompañamiento, incluso “asignándoles” algunas divisas, porque esos sí que no tienen cuenta en el HSBC.

En cuanto a los burócratas del empresariado, la divisa del Estado bien podría ser “asignarles” la insigne tarea de quedarse así como están, detrás de sus escritorios, esperando sentados.

Temir Porras Ponceleón

@temirporras

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Etiquetas: Temir Porras, Opinión

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