La convivencia democrática en peligro

Publicado en: Opinión

Por:
Piero Trepiccione

Politólogo y analista polític

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Un sistema político con altos niveles de reconocimiento y éxito es aquel capaz de reglamentar institucionalmente la convivencia pacífica de todos sus ciudadanos independientemente de su credo religioso o ideología política. En la medida que logre organizar la sociedad ajustada a parámetros legales y constitucionales será más eficiente en la búsqueda del bien común y la productividad económica que garantice mayor calidad de vida. Lamentablemente en Venezuela se dislocó nuestro sistema político y justo ahora no está en capacidad de dirimir las posiciones encontradas. Todo lo contrario, por una parte una amplia mayoría del país organizó un proceso de consulta popular con una elevada participación que no ha sido reconocida por el gobierno. Por la otra, desde el Poder Ejecutivo en connivencia con el judicial y electoral se fomenta una elección diseñada para que un sector minoritario de la sociedad elija a una Asamblea Nacional Constituyente que tendría facultades para representar a la totalidad del país, cuando en realidad está soportada sobre una arquitectura absolutamente sobrerrepresentada que generaría una especie de apartheid político donde aproximadamente en veinte por ciento definiría las reglas de juego que impactarían al cien por ciento de la población.

            Esta realidad orquestada desde el Poder Ejecutivo está trastocando la convivencia democrática. Por tanto, nuestro sistema político está en peligro. Aun cuando el hemisferio ha sido tímido hasta ahora en dar respuestas adecuadas desde las organizaciones continentales como la OEA, Celac, Mercosur, Unasur, entre otras, la situación de violencia política y la falta de coordinación entre los poderes públicos va en alzada, lo cual nos puede llevar a estadios de alta conflictividad en el corto plazo si los actores políticos no viabilizan una salida constitucional a la crisis. Venezuela vive una encrucijada extremadamente delicada que puede desembocar en una lección histórica para relanzar nuestro sistema político o, por el contrario, nos puede llevar a esquemas de violencia endógena similares a Colombia, El Salvador u Honduras que padecieron por décadas la incapacidad de procesar sus diferencias internas desde la institucionalidad democrática. Tenemos una enorme responsabilidad con el país y la nación quienes fuimos criados con los valores de la democracia y estamos en la obligación de promoverlos en nuestra sociedad.  Frente a esta coyuntura que está amenazando seriamente la convivencia pacífica debemos activarnos para que el liderazgo responsable se imponga más allá del aferramiento al poder a cualquier costo.

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Etiquetas: Democracia, Violencia política, Opinión invitada

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