Latinoamérica: fin y principio de ciclo

El ciclo político progresista Latinoamericano se encuentra seriamente amenazado

Publicado en: Opinión

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La idea de escribir acerca del ciclo progresista de América latina me había venido a la mente varias veces durante las últimas semanas. Curiosamente, fue la lectura de un artículo de mi amigo Gustavo Codas, titulado “Desafíos al ciclo progresista en América latina” (http://www.mateamargo.org.uy/2015/08/13/desafios-al-ciclo-progresista-en-america-latina/) lo que me decidió a dar el paso. Y digo curiosamente, porque el hecho de que alguien se haya lanzado al agua mientras yo seguía deshojando la margarita más bien ha debido disuadirme, por aquello de que mi artículo perdería en originalidad. Pero en este caso causó el efecto contrario, porque me pareció sintomático que dos personas afines pero que viven en dos realidades diferentes tengan, sin haberse concertado, la misma impresión: el ciclo político progresista Latinoamericano iniciado por las victorias electorales de Hugo Chávez en 1998 y Luiz Inácio Lula da Silva en 2002, se encuentra seriamente amenazado.

A Gustavo Codas lo conocí en los días en los que Fernando Lugo era Presidente electo del Paraguay, e interactué con él a lo largo de ese mandato que fue bruscamente interrumpido por un golpe de estado parlamentario en 2012. Si mal no recuerdo, Gustavo llegó a ocupar la presidencia del ente paraguayo que administra la represa de Itaipú, un cargo que en ese país equivale en importancia a la presidencia de PDVSA en Venezuela. Luego del golpe, y por tener ambos inclinación académica, coincidimos en espacios como los del Instituto Lula, y cada vez que puedo leo con mucho interés sus análisis.

Del artículo de Gustavo Codas, cuya lectura por supuesto recomiendo, mencionaré únicamente un elemento que me permitirá despejar una primera crítica a nuestro postulado central, y que consiste en afirmar que eso de que los procesos políticos progresistas estén amenazados no es ni un fenómeno nuevo, ni una idea muy original. Después de todo, con la experiencia histórica de los dos procesos emblemáticos de la izquierda latinoamericana que son la Revolución Cubana y la Unidad Popular de Salvador Allende en Chile, se podría escribir varios tratados acerca de cómo acosar y amenazar a un pueblo que ha decidido ser libre, ensañándose con el gobierno que ha tomado la conducción de ese proceso de liberación. Sin embargo, al decir que el ciclo político progresista se encuentra amenazado no me refiero únicamente a la amenaza interna y externa de la derecha, que sin duda es sistemática y constante. Retomando textualmente la secuencia de Gustavo Codas, Venezuela, Brasil y Ecuador atraviesan crisis políticas y/o económicas que han mermado la capacidad transformadora de los procesos de cambio iniciados años atrás. Esta coyuntura ha sido interpretada por las derechas de la región como sintomática de que el fin del ciclo progresista está cerca, y ante lo que percibe como una perspectiva real de recuperar el poder, ha redoblado la intensidad de sus ataques. Pero adicionalmente, desde el seno mismo de la izquierda latinoamericana y de los propios procesos nacionales ha surgido el sentimiento de que las políticas y las estrategias gracias a las cuales se lograron los importantes avances de estos últimos años ya no son suficientes para garantizarles continuidad, y que su actualización es un requisito indispensable para no empezar a retroceder, lo cual constituiría una amenaza tal vez más seria que la de la propia derecha. Y esta última amenaza sí que es relativamente nueva.

A las tres interrogantes citadas por Gustavo en su artículo (progreso material, consumo globalizado y sujeto social del proceso), yo sólo añadiré una a la que ya me he referido en artículos anteriores, y es que la situación geopolítica global ha cambiado profundamente. Los acuerdos de Irán y Cuba con los Estados Unidos disminuyen significativamente la tensión Norte – Sur que le dio hasta ahora gran pertinencia global al componente antiimperialista de los procesos progresistas latinoamericanos. América latina en esta última década y media ha dado la cara y alzado la voz por los oprimidos del mundo, convirtiéndose en el perfecto aguafiestas del convencionalismo globalizado. La desaparición de esos focos de tensión pone en tela de juicio, al menos temporalmente, la visión según la cual la única forma de avanzar en un proceso de desarrollo independiente es operando una ruptura franca con las potencias capitalistas y los Estados Unidos en primer lugar. Luego, han empezado a aparecer las primeras interrogantes acerca del papel que puedan efectivamente jugar Rusia y China en la consolidación de un mundo multipolar. No obstante su innegable papel de contrapoder geopolítico frente a Occidente, Rusia ha tenido que asumir un pesado tributo económico por levantarse como muro de contención a la expansión de la OTAN en Europa, especialmente en Ucrania. Esto sin duda alguna ha contribuido a elevar su prestigio entre las izquierdas latinoamericanas, pero paradójicamente ha mermado su capacidad de acompañar más concretamente las políticas transformadoras que impulsan sus gobiernos. En cuanto a China, el portaviones económico de América latina, hemos podido entrever señales que, si bien no ponen en duda los fundamentos de la relación económica entre el gigante asiático y la región, muestran que un estornudo de Beijing puede causar estragos en nuestros equilibrios macroeconómicos. A propósito de China y de actualización de políticas públicas, no puedo evitar hacer un comentario muy venezolano acerca de las recientes decisiones del Banco Popular (Central) de China frente a la coyuntura económica global: ¡hasta los chinos modificaron su política cambiaria! Cierro paréntesis.

Finalmente, tanto el regreso de Irán a los mercados globales como la desaceleración relativa del crecimiento en China, acompañan y acentúan el fin del ciclo alto de las materias primas, un componente importante del acertijo económico latinoamericano.

Como siempre, la mala noticia es que en este artículo me limitaré dejar planteadas algunas interrogantes. La buena, es que empezar a cuestionarse hasta dar con las preguntas correctas es siempre la mejor vía para encontrar soluciones a los problemas. Y la mejor noticia de todas es que el artículo de Gustavo Codas demuestra que esta es una reflexión que atraviesa ya el continente, y que como bien lo dice él las respuestas las construiremos a nivel regional, haciéndole honor de paso al inmenso esfuerzo de unión latinoamericana impulsado por nuestros referentes fundamentales que son Chávez y Lula.

Al fin y la cabo, el ciclo tiene dos mágicas características: su punto final se confunde con el punto de inicio de un ciclo nuevo, que aún siendo nuevo no desvía de la trayectoria del ciclo anterior.

 

Temir Porras Ponceleón

@temirporras

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Etiquetas: Temir Porras, Opinión

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