Venezuela se aproxima a la inflación de cuatro dígitos

La medición que realiza la Asamblea Nacional indica que en julio los precios registraron un salto de 26%, resultado que supera la inflación

Publicado en: Dinero

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La velocidad con la que aumentan los precios es inédita para los venezolanos. En julio, de acuerdo con la medición que realiza la Asamblea Nacional, la inflación experimentó un salto de 26% y en los primeros siete meses del año acumula un avance de 248,6%. Para evaluar la magnitud de esta cifra basta con observar que en todo 2012, el año previo a que Nicolás Maduro fuese elegido presidente de la República, la inflación fue de 20,1%.

 A raíz de que desde 2015 el Banco Central oculta las cifras de inflación, la Asamblea Nacional realiza una medición basada en la metodología que aplica el BCV y recolecta la variación de los precios en cinco ciudades del país: Caracas, Valencia, Maracaibo, Barcelona-Puerto La Cruz.

 Las proyecciones que recopila el reporte de FocusEconomics Consensus Forecast correspondientes a 2017 señalan que los analistas consideran que Venezuela comenzó a moverse en las cercanías de una inflación de cuatro dígitos. HSBC proyecta que este año habrá un salto de 791%, Citigroup 800%, Goldman Sachs 916% y Ecoanalítica 1.077%.

 Entre las causas que explican la inflación en Venezuela destaca que el Gobierno no puede cubrir sus gastos con el ingreso proveniente del petróleo y la recaudación de impuestos, pero se niega a realizar un ajuste que equilibre las finanzas públicas para evitar costos políticos.

 Para cubrir la brecha entre ingresos y gastos el Banco Central de Venezuela emite dinero para comprarle bonos a Pdvsa. Una vez los recursos entran a la caja, Pdvsa los utiliza para cubrir compromisos como salarios, misiones, subsidios con lo que la cantidad de bolívares que circula en la economía se dispara y crece la demanda.

Este incremento de la demanda encuentra a una oferta escuálida por controles de precios que no permiten cubrir los costos de producción, deficiencia en los servicios públicos como la electricidad y un déficit de dólares que el Gobierno ha resuelto recortando la asignación de divisas a las empresas del sector privado.

 La consecuencia es que más bolívares detrás de pocos productos se traducen en incrementos de precios o en mayor demanda de dólares en el mercado paralelo, con lo que el billete verde se encarece y a su vez también acelera la inflación, porque un número importante de empresas y comercios utiliza este indicador para calcular costos de reposición.

Crisis histórica

Hasta la presidencia de Nicolás Maduro el récord de inflación pertenecía a 1996, año en que la administración de Rafael Caldera desmontó los controles de precios y de cambio que había decretado en 1994 desencadenando una inflación de 103%. Antes de 1996 el mayor salto había sucedido en 1989, cuando el gobierno de Carlos Andrés Pérez aplicó un programa de reformas que contó con el apoyo del Fondo Monetario Internacional y que tras la devaluación y la liberación de precios produjo una inflación de 81%.

 Un aspecto relevante es que los programas de ajuste aplicados por Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez permitieron corregir una serie de desequilibrios y por tanto la inflación se desaceleró notablemente al año siguiente ubicándose en 36,5% en 1990 y en 37,6% en 1997.

 En este momento el gobierno de Nicolás Maduro mantiene una gran cantidad de productos con precios controlados, no ha tomado medidas para corregir el desajuste cambiario donde una parte importante de las divisas se asigna al tipo de cambio artificialmente bajo de 10 bolívares por dólar, el déficit fiscal es de dos dígitos, el país no cuenta con un fondo de estabilización, las reservas internacionales son insuficientes y la concentración en el vencimiento de la deuda externa obliga a destinar al pago de capital e intereses una cifra equivalente a un tercio del ingreso petrolero.

La Constituyente

Para frenar la aceleración de la inflación el Gobierno contempla reforzar el control de precios. El pasado 7 de julio Nicolás Maduro anunció que “una Ley constitucional es lo primero que le voy a pedir a la Constituyente (...) La primera ley que le voy a presentar y pedir a la Constituyente es una ley para combatir la especulación de los precios y establecer la regulación de todos los precios con la mano de hierro de la Constituyente”.

 El control no sería nada nuevo, desde 2003 está vigente una norma que regula el precio de una amplia gama de productos y servicios. La consecuencia ha sido menos oferta al obligar a las empresas a trabajar a pérdida, mientras que las ordenanzas de todo tipo que someten la distribución y la producción a las decisiones de ministerios y organismos estatales, derivan en mínima inversión y mayores trabas para responder a la demanda.

La pobreza

Junto a la aceleración de la inflación los venezolanos padecen una fuerte recesión. La economía no ha dejado de caer desde 2014 y estimaciones como las realizadas por Ecoanalítica y Torino Capital indican que en tres años el PIB se contrajo 25%, un resultado similar al de países en guerra.

 Esta enfermedad, caracterizada por dos convulsiones simultáneas, estancamiento o contracción del PIB combinada con aceleración de la inflación, es definida técnicamente como estanflación y las consecuencias suelen ser dolorosas. 

 Si no hay crecimiento las ventas caen, las empresas no necesitan contratar nuevo personal y no hay ganancias para ajustar adecuadamente los salarios, mientras que los precios se incrementan cada mes y la pobreza toma impulso.

 La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar indica que la pobreza medida por ingresos ya arropa a 81,8 de cada 100 hogares del país, la magnitud más elevada desde 1975, año en el que comenzaron las mediciones de este tipo.

La velocidad con la que aumentan los precios es inédita para los venezolanos. En julio, de acuerdo con la medición que realiza la Asamblea Nacional, la inflación experimentó un salto de 26% y en los primeros siete meses del año acumula un avance de 248,6%. Para evaluar la magnitud de esta cifra basta con observar que en todo 2012, el año previo a que Nicolás Maduro fuese elegido presidente de la República, la inflación fue de 20,1%.

 A raíz de que desde 2015 el Banco Central oculta las cifras de inflación, la Asamblea Nacional realiza una medición basada en la metodología que aplica el BCV y recolecta la variación de los precios en cinco ciudades del país: Caracas, Valencia, Maracaibo, Barcelona-Puerto La Cruz.

 Las proyecciones que recopila el reporte de FocusEconomics Consensus Forecast correspondientes a 2017 señalan que los analistas consideran que Venezuela comenzó a moverse en las cercanías de una inflación de cuatro dígitos. HSBC proyecta que este año habrá un salto de 791%, Citigroup 800%, Goldman Sachs 916% y Ecoanalítica 1.077%.

 Entre las causas que explican la inflación en Venezuela destaca que el Gobierno no puede cubrir sus gastos con el ingreso proveniente del petróleo y la recaudación de impuestos, pero se niega a realizar un ajuste que equilibre las finanzas públicas para evitar costos políticos.

 Para cubrir la brecha entre ingresos y gastos el Banco Central de Venezuela emite dinero para comprarle bonos a Pdvsa. Una vez los recursos entran a la caja, Pdvsa los utiliza para cubrir compromisos como salarios, misiones, subsidios con lo que la cantidad de bolívares que circula en la economía se dispara y crece la demanda.

Este incremento de la demanda encuentra a una oferta escuálida por controles de precios que no permiten cubrir los costos de producción, deficiencia en los servicios públicos como la electricidad y un déficit de dólares que el Gobierno ha resuelto recortando la asignación de divisas a las empresas del sector privado.

 La consecuencia es que más bolívares detrás de pocos productos se traducen en incrementos de precios o en mayor demanda de dólares en el mercado paralelo, con lo que el billete verde se encarece y a su vez también acelera la inflación, porque un número importante de empresas y comercios utiliza este indicador para calcular costos de reposición.

Crisis histórica

Hasta la presidencia de Nicolás Maduro el récord de inflación pertenecía a 1996, año en que la administración de Rafael Caldera desmontó los controles de precios y de cambio que había decretado en 1994 desencadenando una inflación de 103%. Antes de 1996 el mayor salto había sucedido en 1989, cuando el gobierno de Carlos Andrés Pérez aplicó un programa de reformas que contó con el apoyo del Fondo Monetario Internacional y que tras la devaluación y la liberación de precios produjo una inflación de 81%.

 Un aspecto relevante es que los programas de ajuste aplicados por Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez permitieron corregir una serie de desequilibrios y por tanto la inflación se desaceleró notablemente al año siguiente ubicándose en 36,5% en 1990 y en 37,6% en 1997.

 En este momento el gobierno de Nicolás Maduro mantiene una gran cantidad de productos con precios controlados, no ha tomado medidas para corregir el desajuste cambiario donde una parte importante de las divisas se asigna al tipo de cambio artificialmente bajo de 10 bolívares por dólar, el déficit fiscal es de dos dígitos, el país no cuenta con un fondo de estabilización, las reservas internacionales son insuficientes y la concentración en el vencimiento de la deuda externa obliga a destinar al pago de capital e intereses una cifra equivalente a un tercio del ingreso petrolero.

La Constituyente

Para frenar la aceleración de la inflación el Gobierno contempla reforzar el control de precios. El pasado 7 de julio Nicolás Maduro anunció que “una Ley constitucional es lo primero que le voy a pedir a la Constituyente (...) La primera ley que le voy a presentar y pedir a la Constituyente es una ley para combatir la especulación de los precios y establecer la regulación de todos los precios con la mano de hierro de la Constituyente”.

 El control no sería nada nuevo, desde 2003 está vigente una norma que regula el precio de una amplia gama de productos y servicios. La consecuencia ha sido menos oferta al obligar a las empresas a trabajar a pérdida, mientras que las ordenanzas de todo tipo que someten la distribución y la producción a las decisiones de ministerios y organismos estatales, derivan en mínima inversión y mayores trabas para responder a la demanda.

La pobreza

Junto a la aceleración de la inflación los venezolanos padecen una fuerte recesión. La economía no ha dejado de caer desde 2014 y estimaciones como las realizadas por Ecoanalítica y Torino Capital indican que en tres años el PIB se contrajo 25%, un resultado similar al de países en guerra.

 Esta enfermedad, caracterizada por dos convulsiones simultáneas, estancamiento o contracción del PIB combinada con aceleración de la inflación, es definida técnicamente como estanflación y las consecuencias suelen ser dolorosas. 

 Si no hay crecimiento las ventas caen, las empresas no necesitan contratar nuevo personal y no hay ganancias para ajustar adecuadamente los salarios, mientras que los precios se incrementan cada mes y la pobreza toma impulso.

 La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar indica que la pobreza medida por ingresos ya arropa a 81,8 de cada 100 hogares del país, la magnitud más elevada desde 1975, año en el que comenzaron las mediciones de este tipo.

La velocidad con la que aumentan los precios es inédita para los venezolanos. En julio, de acuerdo con la medición que realiza la Asamblea Nacional, la inflación experimentó un salto de 26% y en los primeros siete meses del año acumula un avance de 248,6%. Para evaluar la magnitud de esta cifra basta con observar que en todo 2012, el año previo a que Nicolás Maduro fuese elegido presidente de la República, la inflación fue de 20,1%.

 A raíz de que desde 2015 el Banco Central oculta las cifras de inflación, la Asamblea Nacional realiza una medición basada en la metodología que aplica el BCV y recolecta la variación de los precios en cinco ciudades del país: Caracas, Valencia, Maracaibo, Barcelona-Puerto La Cruz.

 Las proyecciones que recopila el reporte de FocusEconomics Consensus Forecast correspondientes a 2017 señalan que los analistas consideran que Venezuela comenzó a moverse en las cercanías de una inflación de cuatro dígitos. HSBC proyecta que este año habrá un salto de 791%, Citigroup 800%, Goldman Sachs 916% y Ecoanalítica 1.077%.

 Entre las causas que explican la inflación en Venezuela destaca que el Gobierno no puede cubrir sus gastos con el ingreso proveniente del petróleo y la recaudación de impuestos, pero se niega a realizar un ajuste que equilibre las finanzas públicas para evitar costos políticos.

 Para cubrir la brecha entre ingresos y gastos el Banco Central de Venezuela emite dinero para comprarle bonos a Pdvsa. Una vez los recursos entran a la caja, Pdvsa los utiliza para cubrir compromisos como salarios, misiones, subsidios con lo que la cantidad de bolívares que circula en la economía se dispara y crece la demanda.

Este incremento de la demanda encuentra a una oferta escuálida por controles de precios que no permiten cubrir los costos de producción, deficiencia en los servicios públicos como la electricidad y un déficit de dólares que el Gobierno ha resuelto recortando la asignación de divisas a las empresas del sector privado.

 La consecuencia es que más bolívares detrás de pocos productos se traducen en incrementos de precios o en mayor demanda de dólares en el mercado paralelo, con lo que el billete verde se encarece y a su vez también acelera la inflación, porque un número importante de empresas y comercios utiliza este indicador para calcular costos de reposición.

Crisis histórica

Hasta la presidencia de Nicolás Maduro el récord de inflación pertenecía a 1996, año en que la administración de Rafael Caldera desmontó los controles de precios y de cambio que había decretado en 1994 desencadenando una inflación de 103%. Antes de 1996 el mayor salto había sucedido en 1989, cuando el gobierno de Carlos Andrés Pérez aplicó un programa de reformas que contó con el apoyo del Fondo Monetario Internacional y que tras la devaluación y la liberación de precios produjo una inflación de 81%.

 Un aspecto relevante es que los programas de ajuste aplicados por Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez permitieron corregir una serie de desequilibrios y por tanto la inflación se desaceleró notablemente al año siguiente ubicándose en 36,5% en 1990 y en 37,6% en 1997.

 En este momento el gobierno de Nicolás Maduro mantiene una gran cantidad de productos con precios controlados, no ha tomado medidas para corregir el desajuste cambiario donde una parte importante de las divisas se asigna al tipo de cambio artificialmente bajo de 10 bolívares por dólar, el déficit fiscal es de dos dígitos, el país no cuenta con un fondo de estabilización, las reservas internacionales son insuficientes y la concentración en el vencimiento de la deuda externa obliga a destinar al pago de capital e intereses una cifra equivalente a un tercio del ingreso petrolero.

La Constituyente

Para frenar la aceleración de la inflación el Gobierno contempla reforzar el control de precios. El pasado 7 de julio Nicolás Maduro anunció que “una Ley constitucional es lo primero que le voy a pedir a la Constituyente (...) La primera ley que le voy a presentar y pedir a la Constituyente es una ley para combatir la especulación de los precios y establecer la regulación de todos los precios con la mano de hierro de la Constituyente”.

 El control no sería nada nuevo, desde 2003 está vigente una norma que regula el precio de una amplia gama de productos y servicios. La consecuencia ha sido menos oferta al obligar a las empresas a trabajar a pérdida, mientras que las ordenanzas de todo tipo que someten la distribución y la producción a las decisiones de ministerios y organismos estatales, derivan en mínima inversión y mayores trabas para responder a la demanda.

La pobreza

Junto a la aceleración de la inflación los venezolanos padecen una fuerte recesión. La economía no ha dejado de caer desde 2014 y estimaciones como las realizadas por Ecoanalítica y Torino Capital indican que en tres años el PIB se contrajo 25%, un resultado similar al de países en guerra.

 Esta enfermedad, caracterizada por dos convulsiones simultáneas, estancamiento o contracción del PIB combinada con aceleración de la inflación, es definida técnicamente como estanflación y las consecuencias suelen ser dolorosas. 

 Si no hay crecimiento las ventas caen, las empresas no necesitan contratar nuevo personal y no hay ganancias para ajustar adecuadamente los salarios, mientras que los precios se incrementan cada mes y la pobreza toma impulso.

 La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar indica que la pobreza medida por ingresos ya arropa a 81,8 de cada 100 hogares del país, la magnitud más elevada desde 1975, año en el que comenzaron las mediciones de este tipo.

Etiquetas: Inflación, Inflación en Venezuela

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